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En muchos casos se trataba de menores de edad que ofrecían sus servicios de forma clandestina. A la miseria económica se unía la exclusión social, reflejada en el impactante relato de la detención de Rosa , una prostituta de Granada, en diciembre de Tras resistirse, la muchacha les lanzó una especie de maldición: En el bando franquista, la moral católica exigía reprimir cualquier forma de transgresión sexual.

A Rosa, como hemos visto, la detuvieron, pero fue por montar una escena, no por su actividad sexual. Se suponía que los hombres, por su naturaleza, no podían sino caer en el pecado de la lujuria.

Puesto que eso resultaba inevitable, mejor permitirles que se desahogaran con profesionales. Así respetarían la virginidad de sus novias formales. Los burdeles debían permanecer en zonas alejadas de la población civil, de manera que las mujeres se mantuvieran a distancia de las trincheras y los domicilios particulares.

Una preocupación de los mandos era impedir que oficiales y tropa se mezclaran al acceder a los prostíbulos, de manera que la disciplina se viera menoscabada. Para impedirlo, unos y otros debían frecuentar establecimientos distintos o, por lo menos, presentarse en diferentes horarios. Pero, en ocasiones, eran los propios jefes quienes introducían a las mujeres en el cuartel. A los legionarios se les podía adoctrinar sobre las virtudes de las mujeres cristianas, pero lo cierto es que seguían frecuentando lo burdeles sin que nadie pudiera convencerles de lo contrario.

En los hospitales, la tasa de soldados enfermos de sífilis resultaba preocupantemente alta. De esta falta de pudor encontramos una expresiva muestra en un periódico extremeño de la época.

No se oculta que la sustracción ha tenido lugar es un escenario supuestamente vergonzoso, señal de que no se tenía por escandaloso el comportamiento del militar.

Cada prostituta tenía que pasar por los preceptivos controles sanitarios, como forma de combatir la propagación de las enfermedades venéreas. En general, unos y otros tendían a culpabilizar a las mujeres por la extensión de las enfermedades, atribuyéndoles una sexualidad pervertida.

Se suponía que todas, por definición, estaban infectadas. Había que concienciar a los soldados para que tuvieran precauciones. En esta línea, las autoridades promovieron una campaña de concienciación tanto en la prensa y la radio como a través de panfletos y carteles propagandísticos. Uno de ellos, editado por la Generalitat, advertía contundentemente: La propaganda, sin embargo, tuvo escasas repercusiones.

Como antes los burgueses, se lanzaron a disfrutar de los placeres de Venus. Un observador de la época nos proporciona un testimonio elocuente: En otras ocasiones, el recurso al sexo mercenario constituía una manera de desfogarse después de un periodo prolongado en el frente. Esto es lo que sucedió con la XV Brigada Internacional tras un período de dos meses y medio de combate. Los estadounidenses llegaron luego y sacaron a los franceses.

Tal vez la clave se encuentre en su concepto de masculinidad, no demasiado diferente del esgrimido por sus enemigos. Vemos, por tanto, como un intelectual comunista asumía los tradicionales estereotipos de género que identifican al hombre con la fortaleza y la mujer con la fragilidad. Una cosa era que el combatiente, por imprudencia, se contagiara, pero también podía darse el caso de que se infectara voluntariamente. La enfermedad venérea se convertía así en una variedad de automutilación.

En otros casos, la infección se fingía o se prolongaba deliberadamente la convalecencia. Curiosamente, poco antes de la batalla del Ebro, parecía que las tropas republicanas padecían una epidemia de enfermedades de transmisión sexual.

Se multiplicaron entonces las inspecciones a los burdeles, con la clausura de los que abrían sus puertas ilegalmente. A los infectados se les amenazó con medidas disciplinarias, desde un mes de arresto, la primera vez, a un juicio por autolesiones si reincidían en dos ocasiones.

Personalmente sufrí la educación franquista de la época Estudie en un colegio privado de Zaragoza, pero era un centro no religioso. Siempre empezaba sus clases con la siguiente reflexión: En el colegio estando de interno dormíamos en habitaciones de 16 personas y en literas. Se intentaba que los colchones fueran duros y se recomendaba no llevar ropa interior de lana, porque producía mucho calor y podría excitar al portador.

Se llegaba al extremo de prohibir a los chicos meter la mano en los bolsillos. El beso del novio se había clavado punzante en la mejilla, y con rabia comenzó Maribel a restregar su cara, intentando borrar toda huella posible. Era habitual en las familias burguesas franquistas tener criadas. Era cotidiano que los chicos de esas familias iniciaban sus primeras experiencias sexuales con las criadas familiares.

En dicho libro, nos relata como era habitual en esta época que las chicas con pocos recursos que trabajaban como criadas, no podían aguantar la presión de los chicos.

Cuando eran sorprendidas en este tipo de relaciones eran despedidas, lo que provocaba que muchas acabaran en la prostitución al no tener otra posibilidad para poder sobrevivir. Se decía que los chicos se podían sobrepasar con las criadas todo lo que querían y para ello utilizaban el chantaje. Para el franquismo la relación sexual era lícita, normal y natural, si se realizaba dentro del matrimonio.

Todas las otras formas de sexualidad como el adulterio femenino, la homosexualidad, masturbación, las relaciones prematrimoniales siempre se consideraban aberraciones sexuales y perversiones del comportamiento. Ante esta situación la pareja diseñada por el franquismo se imponía como modelo y no era posible plantear otro modelo sino querías ser acusado de traidor al régimen.

El Código Penal no se modificó hasta En el nuevo Código Penal no se introdujo la homosexualidad como delito. La iglesia veía la homosexualidad como una sexualidad no reproductiva y pecaminosa. Los hombres considerados homosexuales durante el franquismo eran tachados de enfermos y sometidos a terapias muy duras.

El hombre debía ser viril, fuerte y líder, mientras que la mujer, relegada al hogar, tenía que mostrarse buena esposa y madre al cuidado de la prole. La dictadura entró en la vida privada de las personas indagando en las conductas desviadas y en las inclinaciones impropias de los verdaderos españoles.

El clima social opresivo condenó a los homosexuales al miedo y a la clandestinidad. La incomprensión les condujo a reprimir sus afectos, temerosos de las consecuencias, a mantener relaciones disimuladas o al engaño, incluso llegar a la prostitución. Se llegaron a crear centros especiales para, supuestamente, corregir su desviación, aunque en muchos casos fueron maltratados, vejados o violados por otros reclusos, e incluso obligados a prostituirse por funcionarios.

Estaba situada en un desierto donde los homosexuales sufrían destierro, obligados a realizar trabajos forzosos en condiciones inhumanas. El régimen contó con el importante apoyo de la Iglesia que siempre ha condenado la homosexualidad y fue un factor decisivo en la represión los actos contra natura que ellos denuncian.

Los homosexuales fueron tratados como enfermos mentales e internados en manicomios. Para el franquismo la relación sexual entre dos mujeres era algo que no se podía concebir. Era impensable que una mujer pudiera disfrutar de su sexualidad y en consecuencia no estaba permitido salirse del papel que la sociedad del régimen les había encomendado que no era otro que el de tener hijos y atender el hogar.

Es decir, para el régimen franquista el lesbianismo no existía. De esta forma, dos mujeres podían pasear y estar juntas siempre, sin que se pusiera en cuestión su sexualidad, mientras que esto era imposible en el hombre.

La homosexualidad masculina, como estamos viendo se reprimió con dureza y claridad: Sin embargo, para el franquismo el lesbianismo no se contemplaba, en consecuencia se silenciaba y negaba su existencia. Si algo se ignora o se niega, no existe: Las lesbianas desarrollaron hasta redes económicas para no depender de los hombres.

Eran solidarias y crearon increíbles espacios de libertad: Sus relaciones eran clandestinas, pero disimulables: Sin embargo, Franco por el decreto de levantó esa prohibición y permitió la prostitución. Se buscaba el control de los prostíbulos. La mujer no era dueña de su cuerpo, sino que éste era un objeto jurídico propiedad del Estado y del varón.

Para controlar el cumplimiento de esas normas se establecieron mecanismos que, amparados en un discurso de protección, recogían y reeducaban a mujeres descarriadas. Su objetivo consistía en: Burdeles, casas de tolerancia, casas de citas, meublés Hasta , la prostitución era legal en España. En los lugares nombrados, las mujeres podían prostituirse y eran sometidas a controles sanitarios y policiales.

Se practicaba la doble moral en el franquismo y regía tanto en los comportamientos masculinos como en los femeninos. La feminidad significa pertenecer a un solo hombre y por tanto era fundamental conservar la virginidad para el matrimonio. Sin embargo, se aconseja que los hombres fueran castos hasta el matrimonio, pero sí se les permitía tener relaciones con prostitutas.

Esta doble moral impone una legislación durísima para las mujeres viudas. Debían esperar un año desde el fallecimiento de su marido para poder volverse a casar. El incumplimiento de esta norma significaba una fuerte sanción económica. Con el triunfo franquista en la guerra civil, estos matrimonios civiles realizados entre fueron declarados nulos y en consecuencia, debían casarse nuevamente por la iglesia si querían tener validez.

Por Orden ministerial del diez de marzo de , se plantea que las parejas que no deseasen casarse por el matrimonio religioso, podían hacerlo solamente por lo civil siempre y cuando justificasen el no ser católicos mediante un certificado. Estaba prohibida cualquier cosa que impidiera la reproducción. Esta figura del adulterio estuvo vigente hasta el año Las mujeres solo podían pertenecer a un solo hombre.

Para la familia franquista la virginidad femenina era esencial, ya que si se perdía no sólo se ponía en duda la honestidad de la chica, sino también la de la familia. Cuando una chica soltera comunicaba a sus padres su embarazo algunos la protegían escondiéndola o ayudando al aborto o al infanticidio. Sin embargo muchos padres decidían echar a la hija del hogar para salvar el honor de la familia. Muchos fueron clientes adictos de las prostitutas y la sociedad nunca los juzgó como sí hacían con las mujeres, como estamos viendo.

Las mujeres no podían denunciar a sus maridos por adulterio cuando éste mantenía relaciones sexuales con otra mujer. Las chicas de la burguesía franquista con la educación que recibían acaban siendo frígidas. Si una mujer tenía un orgasmo ultrajaba al marido e inmediatamente se iba a confesar. Esta falta de placer de la mujer casada española era algo impuesto por la educación que se les proporcionaba.

El matrimonio franquista solo busca una sexualidad procreadora que dependía del plano divino. Siempre ha sido una obsesión del franquismo y de la iglesia católica española. Sudor en las manos. Opresión grande en el pecho. Dolor de nuca y espalda. Pereza y desgana para el trabajo y hasta la imposibilidad de realizarlo. Pérdida de atracción para el sexo contrario y repugnancia al matrimonio. Oscuridad en el entendimiento. Incapacidad para el sacrificio.

Personalmente sufrí la educación franquista de la época Estudie en un colegio privado de Zaragoza, pero era un centro no religioso. Siempre empezaba sus clases con la siguiente reflexión: En el colegio estando de interno dormíamos en habitaciones de 16 personas y en literas.

Se intentaba que los colchones fueran duros y se recomendaba no llevar ropa interior de lana, porque producía mucho calor y podría excitar al portador. Se llegaba al extremo de prohibir a los chicos meter la mano en los bolsillos. El beso del novio se había clavado punzante en la mejilla, y con rabia comenzó Maribel a restregar su cara, intentando borrar toda huella posible. Era habitual en las familias burguesas franquistas tener criadas.

Era cotidiano que los chicos de esas familias iniciaban sus primeras experiencias sexuales con las criadas familiares. En dicho libro, nos relata como era habitual en esta época que las chicas con pocos recursos que trabajaban como criadas, no podían aguantar la presión de los chicos. Cuando eran sorprendidas en este tipo de relaciones eran despedidas, lo que provocaba que muchas acabaran en la prostitución al no tener otra posibilidad para poder sobrevivir.

Se decía que los chicos se podían sobrepasar con las criadas todo lo que querían y para ello utilizaban el chantaje. Para el franquismo la relación sexual era lícita, normal y natural, si se realizaba dentro del matrimonio. Todas las otras formas de sexualidad como el adulterio femenino, la homosexualidad, masturbación, las relaciones prematrimoniales siempre se consideraban aberraciones sexuales y perversiones del comportamiento. Ante esta situación la pareja diseñada por el franquismo se imponía como modelo y no era posible plantear otro modelo sino querías ser acusado de traidor al régimen.

El Código Penal no se modificó hasta En el nuevo Código Penal no se introdujo la homosexualidad como delito. No se oculta que la sustracción ha tenido lugar es un escenario supuestamente vergonzoso, señal de que no se tenía por escandaloso el comportamiento del militar. Cada prostituta tenía que pasar por los preceptivos controles sanitarios, como forma de combatir la propagación de las enfermedades venéreas. En general, unos y otros tendían a culpabilizar a las mujeres por la extensión de las enfermedades, atribuyéndoles una sexualidad pervertida.

Se suponía que todas, por definición, estaban infectadas. Había que concienciar a los soldados para que tuvieran precauciones. En esta línea, las autoridades promovieron una campaña de concienciación tanto en la prensa y la radio como a través de panfletos y carteles propagandísticos. Uno de ellos, editado por la Generalitat, advertía contundentemente: La propaganda, sin embargo, tuvo escasas repercusiones.

Como antes los burgueses, se lanzaron a disfrutar de los placeres de Venus. Un observador de la época nos proporciona un testimonio elocuente: En otras ocasiones, el recurso al sexo mercenario constituía una manera de desfogarse después de un periodo prolongado en el frente. Esto es lo que sucedió con la XV Brigada Internacional tras un período de dos meses y medio de combate.

Los estadounidenses llegaron luego y sacaron a los franceses. Tal vez la clave se encuentre en su concepto de masculinidad, no demasiado diferente del esgrimido por sus enemigos. Vemos, por tanto, como un intelectual comunista asumía los tradicionales estereotipos de género que identifican al hombre con la fortaleza y la mujer con la fragilidad.

Una cosa era que el combatiente, por imprudencia, se contagiara, pero también podía darse el caso de que se infectara voluntariamente. La enfermedad venérea se convertía así en una variedad de automutilación.

En otros casos, la infección se fingía o se prolongaba deliberadamente la convalecencia. Curiosamente, poco antes de la batalla del Ebro, parecía que las tropas republicanas padecían una epidemia de enfermedades de transmisión sexual. Se multiplicaron entonces las inspecciones a los burdeles, con la clausura de los que abrían sus puertas ilegalmente. A los infectados se les amenazó con medidas disciplinarias, desde un mes de arresto, la primera vez, a un juicio por autolesiones si reincidían en dos ocasiones.

Mientras tanto, en los medios de comunicación de izquierda, tenía lugar un animado debate en torno a la prostitución. Ésta, para socialistas, comunistas y anarquistas, era una lacra producida por la sociedad capitalista. El sistema, al producir explotación y desempleo, empujaba a muchas obreras a vender su cuerpo por necesidad. Los burgueses desahogaban con ellas sus ímpetus sexuales mientras sus propias mujeres mantenían la castidad impuesta por la moral dominante.

En realidad, el vínculo entre capitalismo y prostitución resultaba bastante cuestionable. Mujeres Libres atribuía su comportamiento a la influencia burguesa. La solución, sin embargo, no se reducía a destruir el sistema de clases. La abolición del capitalismo, por sí sola, no bastaba para destruir el dominio del hombre sobre la mujer. Su existencia resultaba incompatible con el proyecto emancipador que ellos defendían. Los clientes de los prostíbulos también eran objeto de duras críticas.

Pero, de hecho, los libertarios también formaban parte de la clientela de los burdeles. En Barcelona, lo mismo que en Valencia, la FAI se hizo con el control de los prostíbulos del barrio chino. En este caso, su objetivo no fue, por lo que parece, acabar con el comercio sexual. Cada una de ellas podía ser su hermana, o su madre. La organización Mujeres Libres intentó pasar de las palabras a los hechos.

Así respetarían la virginidad de sus novias formales. Pueden imaginarse el rigor con el que estaba hecha y hasta donde alcanzarían las cifras reales. Una situación similar a la actual"afirma. Cuando se terminaban los trabajos en la vendimia, una gran masa de obreras quedaba desocupada y sin medios de subsistencia. Uso de cookies Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario.