Las prostitutas mas guapas como ser prostituta

las prostitutas mas guapas como ser prostituta

Cuando llegamos a los 50 nos convertimos en el felpudo de la empresa… Es lo inverso al proceso de la mayoría de la gente. Sí, es un oficio que he elegido libremente, que me ha aportado muchas cosas buenas y que me gusta.

Si no, no lo ejercería. Al contrario de lo que muchas personas creen, soy yo quien pone las reglas y quien controla la situación. Decir que todas las prostitutas somos víctimas de trata es una mentira que invisibiliza a quienes ejercemos libremente y es un gran error si realmente quieren detectar y ayudar a las verdaderas víctimas.

A mí nunca me gustó ser prostituta; en mi caso ha sido una imposición cultural que tiene que ver con el machismo, el patriarcado y la construcción social. He intentado crecer dentro de mi trabajo. Ser una buena prostituta y ser una buena persona. Mi trabajo me ha dado mucho, he aprendido un montón de la vida y de los hombres que han estado conmigo. Siempre he intentado que sea bonito y he tenido la suerte de encontrar a gente bonita. La libertad que esta sociedad te da. Nadie trabaja libremente en un contexto capitalista.

En el contexto laboral, cultural y social en el que vivimos, a casi nadie le gusta el trabajo que hace. Yo no es que me viera obligada, sino que fue la salida que tuve para vivir una vida holgada. Yo siempre he trabajado como autónoma. Todos los trabajadores que estamos en la APSCat somos independientes y tenemos la finalidad de que el trabajo se desarrolle como autónomos o en forma de cooperativa bajo contrato mercantil.

Nuestra finalidad es confrontar a la industria del sexo, para acabar con su explotación. La industria del sexo es un legado del patriarcado que debemos destruir. La cuestión no es tanto si trabajas en la calle, en un piso o en un club como si eres independiente o hay un empresario que te explota y enriquece con tu trabajo. La diferencia es la libertad. En la calle no; yo voy y vengo cuando quiero… Aunque antes tenía mayor libertad, ahora es el acoso policial el que me la coarta.

Me veo obligada a hacer de 10 a 12 horas diarias para tener un sustento, pero no es por la falta de clientes, sino por el acoso policial que sufrimos desde la aprobación de la ordenanza del civismo hace 8 años.

Antes trabajaba dos horas por la mañana y dos horas por la tarde y los fines de semana no aparecía. Esta parte de la calle Robadors es como una gran familia. Nos conocemos desde hace tiempo, todos interactuamos entre nosotros —clientes, vecinos, nosotras…—. Los vecinos se quejan del ruido y de la suciedad… como en cualquier otro barrio de Barcelona, eso no lo causamos nosotras. Cada una tiene sus ventajas. Aunque toda prostitución tiene su parte de glamour y su parte de tristeza, también la calle.

El tiempo que he trabajado en la prostitución siempre he encontrado clientes muy amables, en todas partes. Estos tópicos tienden a perseguir y estigmatizar a las trabajadoras sexuales que hacen la calle y tienen un claro tufo xenófobo, ya que la mayoría de quienes ejercen la prostitución en la calle son inmigrantes.

La prostitución no es delito pero hay multas a clientes y trabajadoras sexuales. En la calle se pueden dar casos, pero menos. El barrio chino El Raval era el lugar en el que ejercían las prostitutas mayores. Llegabas aquí cuando cumplías 40 años, no con Cuando se abrieron las fronteras dentro de la UE, el barrio chino se convirtió en un foco de mujeres víctimas de trata, pero hoy en día, aunque lamentablemente no podemos decir que se haya eliminado, no es como en esa época.

Hoy hay cuatro familias que tienen explotadas a varias mujeres, que son sus parejas. Muchas de las trabajadoras de calle son gente que funciona de manera independiente. No tienen jefe ni nadie que les explote y han elegido ejercer libremente. A diferencia de las escorts, que todas tienen un agente que es el que les consigue los clientes a cambio de un porcentaje.

Depende de los países: La legislación actual tipifica la trata como delito pero, en la medida en que reconoce a la industria como agente económico, no puede hacer efectiva la persecución de la trata. Sólo se persigue el ejercicio en la calle. Las ordenanzas que acosan, persiguen y criminalizan a las putas que trabajan en la calle y que a la par espantan a sus clientes a base de multas no ayudan; todo lo contrario.

Si multan a los clientes, multan a la trabajadora sexual. Es evidente que policías y políticos hacen la vista gorda la mayoría de las ocasiones.

Lo que yo me pregunto es por qué los clientes no dicen nada. Esos clientes son cómplices de estas situaciones. La legislación actual no es eficaz para acabar con la trata. El problema de todas las mafias es el dinero; si cortas el cauce del dinero, acabas con la mafia. El Tribunal Supremo ha ratificado en marzo la sentencia que absuelve a todos los proxenetas sabiendo que maltrataban, vendían mujeres, las obligaban a trabajar 24 horas, las encerraban… Y aquí no pasa nada.

Habría que analizar los maletines que se han movido entre despachos en esos tres casos, ver quién se ha enriquecido. Lo primero sería hacer visible lo invisible. Reconocer que existimos, que somos un colectivo laboral y que, por muy políticamente incorrecto que les suene, la realidad es que estamos aquí: Creo que lo que hay que hacer es reconocer en las leyes laborales que la prostitución es un trabajo y por ende regular los derechos laborales y sociales derivados de ello, igual que sucede con el resto de trabajadoras.

Ninguno de ellos me convence. En realidad, yo lo que quiero es el reconocimiento de la profesión, en tanto que profesión. A partir de ahí, en la medida en que estoy en contra de la explotación laboral en todos los trabajos, también estoy en contra de este. Es un trabajo que tiene una parte emocional, que implica una parte de cuidados hacia otro ser humano, no es un trabajo simple… Habría que crear una estructura que nos reconociera la posibilidad de tener prestaciones sociales, de jubilarnos —la prostitución es una profesión que dura pocos años—, de estar de baja por enfermedad… Deberíamos construir algo nuevo.

No estoy a favor de la regularización sino de la legalización. Así, se elimina la posibilidad de fraude y de que, a través de falsas cooperativas , se refuerce a la industria del sexo. Yo nací en Galati Rumanía en una familia de clase media, tradicional. Era la mayor de dos hermanas.

Nunca pasé hambre, ni frío, ni me faltó el acceso al colegio. Mis aspiraciones entonces eran trabajar y formar una familia pero a los 13 años, todo se truncó cuando me violaron. Las violaciones siguieron y como ya era una puta mi "no" no valía. Antes tampoco había servido de nada, pero ahora mucho menos. Aprendí que resistirme era peor y que lo mejor era quedarme quieta y no rechistar. Y así quiero que sea". A partir de ese momento mis agresores y yo empezamos a comportarnos como colegas.

A los 17 años y medio me acostaba con facilidad con cualquier hombre que se me cruzara en el camino. Después de una mirada de arriba hasta abajo y viceversa, el proxeneta decidió "darme la oportunidad" y el chico se llevó euros.

Durante medio año permanecí en un piso hasta cumplir la mayoría de edad. Una vez cumplida la mayoría de edad me sacaron el pasaporte y viajé a España. Llegamos a un pueblo de Alicante, Guardamar del Segura, donde tenían alquilado un piso.

Un taxi nos llevaba por las tardes y nos traía cada madrugada a un pequeño club de carretera, a unos 6 km de distancia. Mi primera noche allí fue horrorosa. Por mucho que me hubiese acostado con un montón de hombres, aquello era diferente. Teníamos que competir entre nosotras y ganarnos al cliente en dos minutos. Lloré mucho aquella primera noche. A los clientes no les importaba mucho; a ratos pensé que incluso les gustaba. Aquello no era justo. En el taxi mi corazón empezó a latir muy fuerte mientras mi mente pensaba: Le pedí ayuda a tres clientes y uno accedió y me llevó a Torrevieja.

A otro club de Alicante. Me vi totalmente colapsada, sin un motivo o un objetivo que me diese fuerzas para aguantar todo aquello. Todo cambió un día que llamé a un amigo de Rumanía y me dijo que quería venir a España, trabajar y tener una buena vida, formar una familia.

Eso me motivó mucho. Alquilé un piso cerca de Burgos, lo preparé con mucho mimo, hice la compra y preparé la comida. Estaba muy, muy feliz porque lo había conseguido. El chico vino a España, se convirtió en mi novio y todo era perfecto. Hasta que me di cuenta de que yo no conseguía trabajo, que el dinero se acababa y él no se esforzaba en buscar trabajo. Mi sueño se terminaba. Mi loverboy así se llama a una categoría de chulo decía que era muy injusto y que él sufría mucho también, pero que no quedaba otra, que tenía que volver al club.

Que "yo, por lo menos, tenía esa oportunidad de ganarme la vida".

Las prostitutas mas guapas como ser prostituta -

Cada una tiene sus ventajas. Con aquel chico acabé muy mal, con orden de alejamiento por amenazas de muerte y persecución. Totalmente de acuerdo Carmen. En la misma linea dice que trabajo sola pero que no se puede trabajar sola. Tengo cotizados 28 años a la seguridad social y ha sido un complemento. las prostitutas mas guapas como ser prostituta